lunes, 27 de octubre de 2008

Don Juan, El Burlador de Sevilla

Ayer asistí a la representación de Don Juan, El Burlador de Sevilla en el teatro sevillano Lope de Vega. La verdad es que no me gustaron muchas cosas de la obra, aunque la interpretación de los actores fue excelente, y además, de vez en cuanto cantaban breves piezas y casi todos lo hacían francamente bien. El único que no me gustó cantando fue, paradójicamente, Fran Perea (digo paradójicamente porque el actor ha sacado algún que otro disco), que sólo cantó una canción a dúo con otro personaje y, para mi gusto, quedó fatal...
No me ha gustado nada en absoluto que casi todas las mujeres de la obra hayan tenido que salir desnudas: siempre con lo mismo. Otra cosa que no me ha gustado nada ha sido la utilización de los tópicos que representan a España cuando la acción tenía lugar en Sevilla: ademanes de torear, flamenco, gitanos...
La puesta en escena les ha salido baratita: el escenario dividido por la mitad, con una de ellas cubierta de arena; y dos mesas y cuatro sillas que constituian el único mobiliario de la obra. Las mesas hacían de cama, de peñasaco (con las 4 sillas apiladas encima), de cabaña (tumbada de lado), de mesa propiamente dicha... Vamos, que casi al principio de la obra salía una mujer subida en una silla que estaba sobre una mesa en la que había también otras tres sillas apiladas y yo no supe que eso era una roca de la playa hasta que la actriz no dijo que estaba "en aquél peñasco".
La última actuación que no me gustó fue la del público. Nada más terminar la obra, y antes de que diera tiempo a comenzar a aplaudir, alguien gritó con un gran torrente de voz: "¡Vaya manera de cargarse un clásico!". En fin, la buena educación de la gente. Pero lo que más me sacó de quicio del público fue que se aplaudiera mucho más intensamente a Fran Perea que a los demás, cuando había hecho lo mismo que el resto de los actores (o incluso algo menos, por aquello del punto débil del cante). Que sea un actor conocido (o tenga padrino, que al caso es lo mismo) no quiere decir que haya actuado mejor o que sea merecedor de más mérito.

viernes, 24 de octubre de 2008

Death Note II

Bueno, ya he terminado de ver la serie completa de Death Note. Empecé a ver la segunda temporada hace tiempo, pero la abandoné tras ver un par de capítulos. Creo que estaba un poco enfadada porque hubiera muerto L y le hubieran sustituido rápidamente por otro. Me sentí un poco estafada por que hubieran quitado de en medio a un personaje imprescindible para luego meter a otro que es prácticamente una calcomanía del anterior.
Ahora que por fin he terminado de ver la serie, puedo decir que me ha gustado mucho que en la segunda parte se haya mantenido la misma tensión en todos los capítulos con numerosos cambios impredecibles; aunque en ocasiones, para mi gusto, han rizado demasiado el rizo. Por otra parte, sigo bastante desencantada con el papel de los personajes femeninos en la serie: al igual que en la primera temporada, en la segunda aparecen muy pocas mujeres; y las que salen, son meras marionetas de los personajes principales y no dan la talla. Del final me ha gustado que por fin Kira fuera definitivamente derrotado, aunque me hubiera quedado más contenta si en vez de matarle se pudriera en la cárcel el resto de su vida, jeje. Pero bueno, lo habrán hecho así para que al final su propia arma se vuelva contra él.

Por cierto, me ha quedado una dudilla que no me puedo quitar de la cabeza... ¿Por qué cuando Kira muere estaba oscureciendo, si la reunión era a las 13 h. y no pudo durar varias horas? ¿Es que en Japón oscurece a las dos de la tarde?

lunes, 13 de octubre de 2008

Palabra viva

"Porque tuve hambre y me dísteis de comer; tuve sed, y me dísteis de beber; forastero fui, y me dísteis posada; desnudo, y me vestísteis; enfermo y me visitásteis; estuve en la cárcel y vinísteis a verme.

Entonces le responderán los justos: ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos; o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos en la cárcel o enfermo y fuimos a verte? Y les dirá el rey: En verdad os digo, que cuando lo hicísteis con uno, el más pequeño de éstos mis hermanos, a mí me lo hicísteis.
Entonces dirá también a los de la izquierda: ¡Apartáos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles! Porque tuve hambre y no me dísteis de comer; tuve sed, y no me dísteis de beber; forastero fui, y no me hospedásteis; estuve desnudo y no me vestísteis; enfermo y en la cárcel y no me visitásteis. Entonces ellos le responderán: ¡Señor! ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, o forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Él les responderá: En verdad os digo que cuando no lo hicísteis con uno de éstos más pequeños, tampoco conmigo lo hicísteis. E irán éstos al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna."
(Mt. 25, 35-46)


"Uno de los fariseos le rogó que fuera a comer con él, y entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Y he aquí que una mujer de la ciudad, que era pecadora, cuando supo que Jesús estaba a la mesa del fariseo, llevó un vaso de alabastro con perfume, y, puesta detrás de Él, a los pies, llorando, con sus lágrimas le bañaba los pies, se los enjugaba con sus cabellos, se los llenaba de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto el fariseo que le había convidado, decía para sí: Si éste fuera profeta, ya sabría quién y de qué condición es la mujer que le está tocando: que es una pecadora. Entonces Jesús, tomando la palabra, le dijo: ¡Simón! Tengo una cosa que decirte. Y él: ¡Dila, maestro! Y dijo: un prestamista tenía dos deudores; el uno le debía quinientos denarios; el otro cincuenta. Como no pudieran pagarle, se los perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? Simón respondió: Supongo que aquél a quien más perdonó. Y Él le dijo: ¡Bien juzgaste!
Vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para los pies; pero ésta con sus lágrimas bañó mis pies y con sus cabellos los enjugó. No me diste el beso; pero ésta desde que entré no ha cesado de besar mis pies. Tú no ungiste con óleo mi cabeza; ella ha ungido mis pies con perfume. Por lo cual te digo que se le perdonan sus muchos pecados, porque amó mucho. A quien poco se le perdona, poco ama.
Después dijo a ella: Perdonados quedan tus pecados. Entonces los comensales comenzaron a decir dentro de sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados? Dijo luego a la mujer: Tu fe te ha salvado; vete en paz."
(Lc. 7, 36-50)


"Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: “Me arrepiento”, perdónale."
(Lc. 17, 3-4)

sábado, 11 de octubre de 2008

Enigmas de Bécquer

O el pobre Bécquer tenía mucha imaginación, o una novia se le metió a monja:


Rima XLV

En la clave del arco mal seguro
cuyas piedras el tiempo enrojeció,
obra de cincel rudo campeaba
el gótico blasón.
Penacho de su yelmo de granito,
la yedra que colgaba en derredor
daba sombra al escudo en que una mano
tenía un corazón.
A contemplarle en la desierta plaza
nos paramos los dos.
Y, ese, me dijo, es el cabal emblema
de mi constante amor.
¡Ay! Es verdad lo que me dijo entonces:
Verdad que el corazón
lo llevará en la mano... en cualquier parte...
pero en el pecho no.

G.A. Bécquer



Rima LXX

¡Cuántas veces al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama!
¡Cuántas veces trazó mi silueta
la luna plateada
junto a la del ciprés, que de su huerto se asoma por las tapias!
Cuando en sombras la iglesia se envolvía de su ojiva calada
¡cuántas veces temblar sobre los vidrios
vi el fulgor de la lámpara!
Aunque el viento en los ángulos oscuros
de la torre silbara,
del coro entre las voces percibía
su voz vibrante y clara.
En las noches de invierno, si un medroso por la desierta plaza
se atrevía a cruzar, al divisarme el paso aceleraba.
Y no faltó una vieja que en el torno
dijese a la mañana,
que de algún sacristán muerto en pecado
acaso era yo el alma.
A oscuras conocía los rincones
del atrio y la portada;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.
Los búhos, que espantados me seguían
con sus ojos de llamas,
llegaron a mirarme con el tiempo
como a un buen camarada.
A mi lado sin miedo los reptiles
se movían a rastras,
¡hasta los mudos santos de granito
creo que me saludaban!

G.A. Bécquer


Hay por ahí más indicios entre sus rimas, pero son más sutiles y no tan claros como en éstas dos, jeje.
No sé si es que tenía mucha imaginación o el pobre era un desgraciado en el amor, porque siguiendo sus rimas, parece que se enamoró varias veces y ninguna de ellas llegó a buen puerto.

Me encanta Bécquer, el sentimiento que consigue hacer brotar de sus versos que hace que te solidarices con él; su transparencia a la hora de expresarse; que cuenta realmente cosas, no como otros, que lo único que hacen es un conglomerado de palabras sin sentido (como si fueran esquizofrénicos en pleno brote psicótico, jeje); y bueno, ese aire enigmático que arrastran sus versos y no te deja indiferente.

jueves, 9 de octubre de 2008

Spot genial

He visto un anuncio en la tele que me ha dejado con la boca abierta. Al principio pensé "vaya anuncio más cutre"; pero al quedarme viéndolo descubrí que es un spot sencillo, pero realmente genial.

Para verlo y descubrir qué tiene para que me haya gustado tanto, pincha en la imagen de abajo:

martes, 7 de octubre de 2008

Rebelión contra la versión oficial

Transcribo (copi-pasteo, en lenguaje friki) un interesante artículo de Juan Manuel de Prada publicado recientemente en la revista XL Semanal de ABC que me parece genial de principio a fin:

Creacionismo

Que los medios de comunicación alteran la realidad, introduciendo a su conveniencia tergiversaciones más o menos gruesas que dificultan o impiden una cabal comprensión de los acontecimientos, no parece asunto que admita demasiada controversia. Más estupefaciente resulta que tales tergiversaciones gruesas puedan ejercer sobre sus destinatarios una suerte de abducción plácida, un estado de hipnosis que reformatea su capacidad de juicio y les hace tragarse sin rechistar las trolas más rocambolescas y desquiciadas. Entre las trolas establecidas por la prensa occidental y acatadas sin rechistar por el común de los mortales merece cierto análisis la ensañada y furibunda execración del ‘creacionismo’, que se suele pintar como una quimera urdida por cuatro friquis fanáticos, según la cual el origen de la vida debe ser explicado mediante una lectura literal del primer capítulo del Génesis. Esta caracterización paródica de los llamados ‘creacionistas’ resulta tan inverosímil como otra que caracterizase a los ‘evolucionistas’ como friquis que aceptan sin empacho que el hombre desciende por vía directa del mosquito del vinagre, puesto que comparte con él un altísimo porcentaje de su material genético. A cualquier persona mínimamente dotada de inteligencia le sublevaría una definición tan esquemática y torticera del evolucionismo; sin embargo, casi todo el mundo parece satisfecho –y hasta complacido– con la definición ridícula y pintoresca que se ofrece del creacionismo. Satisfacción que sólo admite una explicación patológica: nos produce tanta desazón sospechar que somos necios que sólo la certeza de que existen otros más necios que nosotros logra aliviarnos.

Seguramente existan necios que sostengan que el mundo fue creado en seis días de reloj por un taumaturgo de abracadabra, como sin duda existirán necios que cuando se tropiezan con un mosquito del vinagre se enternezcan, pensando que se hallan ante un pariente lejano. Pero la prensa que exalta las teorías darwinistas sin conocerlas, o conociéndolas tan sólo de forma brumosa, a la vez que hace escarnio de unos creacionistas bufos, esquiva el asunto primordial, precisamente para evitar que la pobre gente abducida emplee su juicio. Y el asunto primordial no es otro sino aceptar que la creación es fruto de un azar complejo o asumir que obedece a un designio divino. El propio Darwin nunca negó la intervención divina en su obra canónica, El origen de las especies; pero, misteriosamente, la prensa que lo jalea –que, por supuesto, no se ha tomado la molestia de leerlo– suele esgrimirlo como autoridad irrefutable para negar tal intervención, condenando a quienes la afirman al gueto de los indoctos y los oscurantistas. Pero lo cierto es que tal intervención, por mucho que avance la ciencia, nunca podrá ser probada ni refutada categóricamente; en cambio, el sentido común sí puede ayudarnos a comprender que ciertos misterios que rodean el origen del hombre no pueden ser explicados mediante meras teorías evolutivas.

En su deslumbrante libro El hombre eterno, Chesterton nos invita a penetrar en las cavernas que habitaron nuestros antepasados. ¿Y qué descubrimos en las paredes de dichas cavernas? Descubrimos que nuestros antepasados, que el imaginario popular ha caracterizado como rudos y primitivos, pintaban; descubrimos que poseían una sensibilidad inalcanzable para cualquier animal; descubrimos que estaban poseídos por la gracia del arte, una gracia que no bendice a ningún animal, ni siquiera en sus expresiones más balbucientes o rudimentarias. Y es que el hombre es el único ser de la creación que puede ser criatura y creador a un mismo tiempo; y este rasgo personalísimo, esta singularidad misteriosa, establece una barrera insalvable entre hombres y animales, una ruptura en el continuum de la evolución que ningún avance de la ciencia podrá explicar jamás. Las pinturas rupestres no fueron comenzadas por monos y terminadas por hombres; los monos no pintan mejor a medida que evolucionan: simplemente, no pintarán jamás. Ese rasgo exclusivo de la personalidad humana plantea un desafío a nuestra inteligencia que la prensa occidental se niega a afrontar. El creacionista no es ese friqui fanático que se aferra a la literalidad del primer capítulo del Génesis; es, pura y simplemente, la persona que se niega a comulgar con las ruedas de molino del pienso ideológico con el que nos pretenden abducir y se pregunta: «¿Qué ocurrió en las cavernas para que un ser rudo y primitivo se pusiera a pintar?».

Juan Manuel de Prada
www.xlsemanal.com/prada

viernes, 3 de octubre de 2008

Historias de vida

Llevo unos días sin escribir porque no estaba muy inspirada: no se me ocurría qué poner, y cuando se me ocurría, me parecía una chorrada. Por fin he pensado que de hoy ya no pasaba una nueva actualización en el blog, así que voy a comentar algo.

Esta mañana estuve unos 50 minutos en la cola del banco, y detrás mía había una señora de 71 años que me ha contado toda su vida, sus alegrías y sus penas, sus motivaciones y sus deseos en ese pequeño espacio de tiempo, insignificante si se compara con el tiempo de vida que tenemos los seres humanos. La pobre mujer se casó con 21 años y se quedó viuda con 34, quedándose sola con los 6 niños que por entonces ya tenía. El marido, un perito que estudiaba en un edificio alrededor del que la mujer jugaba por aquel entonces, tenía 6 años más que ella. Desde que él falleció, la señora vive sola en su casa, aunque se "queja" de no estar sola nunca, pues tiene 12 nietos (y uno más en camino que nacerá en Noviembre), y casi siempre hay alguien que se queda a comer en su casa o tiene algún niño que cuidar durante el día. Sobre todo, echa de menos no tener tiempo para ella y viajar, aunque de vez en cuando participa en los viajes del inserso con una prima suya. Algo que me llamó muchísimo la atención en la mujer era el cariño con que me hablaba, y que no tenía apenas arrugas y su aspecto aparentaba al menos una decena de años menos.
También me estuvo contando cómo ha cambiado su barrio desde que era una niña, cómo era todo antes y cómo empezaron a construir los primeros edificios de las que ahora son las principales calles del barrio. Dice que antes había muchas más cosas en el barrio, que ya han quitado todos los cines (de verano y de invierno, me nombró todos y las calles en las que estaban) para construir bloques de pisos. Parece que los mayores no tienen muchas formas de divertirse tal y como están las cosas hoy en día. Me contó que tiene previsto hacer un viaje en primavera, ojalá lo pase muy bien.

La señora me hizo pensar en lo rápido que se pasa la vida, y que en cuanto quiera darme cuenta, yo estaré donde estaba ella en ese momento, de vuelta y con una larga historia que contar; y otra persona ocupará mi lugar (aunque quizás yo guarde silencio, jeje). También se me hizo presente que todas las personas tienen una historia que contar, cada una con sus luchas y sus motivaciones, y pensé: "¿A dónde van todas esas historias cuando uno muere?" Quizás es por eso que a las personas mayores siempre les gusta contar su historia de vida, porque saben que así, al menos, perdurará algo más de tiempo en la mente de otra persona.
Y bueno, hoy desde aquí, realizo este pequeño homenaje a esa señora del banco tan agradable y luchadora, esperando que le vaya muy bien en el resto de su camino.