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martes, 7 de octubre de 2008

Rebelión contra la versión oficial

Transcribo (copi-pasteo, en lenguaje friki) un interesante artículo de Juan Manuel de Prada publicado recientemente en la revista XL Semanal de ABC que me parece genial de principio a fin:

Creacionismo

Que los medios de comunicación alteran la realidad, introduciendo a su conveniencia tergiversaciones más o menos gruesas que dificultan o impiden una cabal comprensión de los acontecimientos, no parece asunto que admita demasiada controversia. Más estupefaciente resulta que tales tergiversaciones gruesas puedan ejercer sobre sus destinatarios una suerte de abducción plácida, un estado de hipnosis que reformatea su capacidad de juicio y les hace tragarse sin rechistar las trolas más rocambolescas y desquiciadas. Entre las trolas establecidas por la prensa occidental y acatadas sin rechistar por el común de los mortales merece cierto análisis la ensañada y furibunda execración del ‘creacionismo’, que se suele pintar como una quimera urdida por cuatro friquis fanáticos, según la cual el origen de la vida debe ser explicado mediante una lectura literal del primer capítulo del Génesis. Esta caracterización paródica de los llamados ‘creacionistas’ resulta tan inverosímil como otra que caracterizase a los ‘evolucionistas’ como friquis que aceptan sin empacho que el hombre desciende por vía directa del mosquito del vinagre, puesto que comparte con él un altísimo porcentaje de su material genético. A cualquier persona mínimamente dotada de inteligencia le sublevaría una definición tan esquemática y torticera del evolucionismo; sin embargo, casi todo el mundo parece satisfecho –y hasta complacido– con la definición ridícula y pintoresca que se ofrece del creacionismo. Satisfacción que sólo admite una explicación patológica: nos produce tanta desazón sospechar que somos necios que sólo la certeza de que existen otros más necios que nosotros logra aliviarnos.

Seguramente existan necios que sostengan que el mundo fue creado en seis días de reloj por un taumaturgo de abracadabra, como sin duda existirán necios que cuando se tropiezan con un mosquito del vinagre se enternezcan, pensando que se hallan ante un pariente lejano. Pero la prensa que exalta las teorías darwinistas sin conocerlas, o conociéndolas tan sólo de forma brumosa, a la vez que hace escarnio de unos creacionistas bufos, esquiva el asunto primordial, precisamente para evitar que la pobre gente abducida emplee su juicio. Y el asunto primordial no es otro sino aceptar que la creación es fruto de un azar complejo o asumir que obedece a un designio divino. El propio Darwin nunca negó la intervención divina en su obra canónica, El origen de las especies; pero, misteriosamente, la prensa que lo jalea –que, por supuesto, no se ha tomado la molestia de leerlo– suele esgrimirlo como autoridad irrefutable para negar tal intervención, condenando a quienes la afirman al gueto de los indoctos y los oscurantistas. Pero lo cierto es que tal intervención, por mucho que avance la ciencia, nunca podrá ser probada ni refutada categóricamente; en cambio, el sentido común sí puede ayudarnos a comprender que ciertos misterios que rodean el origen del hombre no pueden ser explicados mediante meras teorías evolutivas.

En su deslumbrante libro El hombre eterno, Chesterton nos invita a penetrar en las cavernas que habitaron nuestros antepasados. ¿Y qué descubrimos en las paredes de dichas cavernas? Descubrimos que nuestros antepasados, que el imaginario popular ha caracterizado como rudos y primitivos, pintaban; descubrimos que poseían una sensibilidad inalcanzable para cualquier animal; descubrimos que estaban poseídos por la gracia del arte, una gracia que no bendice a ningún animal, ni siquiera en sus expresiones más balbucientes o rudimentarias. Y es que el hombre es el único ser de la creación que puede ser criatura y creador a un mismo tiempo; y este rasgo personalísimo, esta singularidad misteriosa, establece una barrera insalvable entre hombres y animales, una ruptura en el continuum de la evolución que ningún avance de la ciencia podrá explicar jamás. Las pinturas rupestres no fueron comenzadas por monos y terminadas por hombres; los monos no pintan mejor a medida que evolucionan: simplemente, no pintarán jamás. Ese rasgo exclusivo de la personalidad humana plantea un desafío a nuestra inteligencia que la prensa occidental se niega a afrontar. El creacionista no es ese friqui fanático que se aferra a la literalidad del primer capítulo del Génesis; es, pura y simplemente, la persona que se niega a comulgar con las ruedas de molino del pienso ideológico con el que nos pretenden abducir y se pregunta: «¿Qué ocurrió en las cavernas para que un ser rudo y primitivo se pusiera a pintar?».

Juan Manuel de Prada
www.xlsemanal.com/prada

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La Nueva Torre de Babel

Algunos científicos europeos han construido un monstruoso acelerador de partículas de 27 Km. de longitud pensando que podrán obtener mediante él las condiciones que se dieron justo después del Big Bang y explicar así el origen del universo. Mis expectativas son inmensamente más diminutas, no creo que logren lo que buscan. Además, lo del Big Bang es tan sólo una hipótesis.
La máquina ya se ha puesto a prueba, y se espera que se ponga en funcionamiento a máxima potencia en un par de meses.
¿Nos encontramos ante la Torre de Babel del siglo XXI? No en vano la llaman "la máquina de Dios". No sé si los ambiciosos científicos que se encargan de este experimento acabarán de forma parecida a los constructores de la famosa y enigmática Torre de Babel (): yo sólo espero que esté bien contruida y no tenga fisuras.


"Cuando los descendientes de Noé vivían sobre la Tierra, todos los pueblos hablaban la misma lengua. Luego los hombres fueron emigrando a la búsqueda de nuevos territorios y en el país de Senaar encontraron una fértil llanura entre los ríos Eúfrates y Tigris. Una vez establecidos en aquella llanura, los hombres se dijeron: "Vamos a construir una ciudad y también una torre que sea símbolo de nuestro poder y cuya cúspide llegue hasta el cielo. De esa forma no tendremos que temer a un nuevo diluvio". El Señor bajó a ver la torre que estaban haciendo los hombres y se dijo: "Ellos forman un solo pueblo y tienen una sola lengua. Se han propuesto construir esa torre y nada les hará renunciar a ese propósito que les ha sido inspirado por su orgullo. Bajemos, pues, y confundamos su lengua de modo que no se entiendan unos a otros". Y así sucedió. Los hombres ya no entendían el lenguaje del que tenían al lado y no tuvieron más remedio que abandonar la construcción de la ciudad y de la torre, tras lo cual se dispersaron por toda la faz de la Tierra. Por eso se llamó Babel, que quiere decir confusión, porque allí confundió el Señor las lenguas de todos los habitantes de la Tierra."
(Génesis, 11)

jueves, 3 de julio de 2008

El funcionamiento de la ciencia XD

Un científico que estaba haciendo un experimento con una pulga amaestrada le dijo a la pulga:
-Salta, pulga- Y la pulga saltó un metro.

Le quitó una pata:
-Salta, pulga- Y la pulga saltó medio metro.

Y así el científico fue quitándole todas las patas a la pulga y pidiéndole que saltara cada vez con una pata menos. Iba anotando minuciosamente todos los resultados en su libreta.

Cuando la pulga ya no tenía más patas, volvió a darle la misma orden:
-Salta, pulga- Y la pulga no saltó.
Entonces, el científico anotó en su libreta: "pulga sin patas: sorda".

jueves, 5 de junio de 2008

Qué poco sabemos

¿Qué hay más allá de lo que vemos? ¿Qué se encuentra más allá de nuestra vista cuando miramos al cielo? ¿Qué es lo que hay ahí fuera? ¿Nada? ¿Qué es nada? ¿Es posible imaginar lo que es "nada"?
¿Es éste el único universo que existe o hay más? ¿Existen los multiversos (universos paralelos)? ¿Hay un "macrouniverso" que envuelve al universo al igual que éste lo hace con las galaxias? ¿Qué forma tiene el universo? ¿Es esférico como un planeta? ¿Es infinito? ¿Qué hay al otro lado de los agujeros negros? ¿A dónde va la materia que se tragan?
Llevamos tantos años ya en la Tierra y sabemos tan poco de nuestro planeta y de lo que le rodea...

Pensar en estas cosas me hace sentir pequeña e insignificante, todo ello mezclado con una sensación de vértigo parecida a la que se siente si te pones a las puertas de una gran catedral y miras hacia arriba.


Os dejo aquí un interesante documental:







A ver, si existe una infinidad de universos paralelos, y cada uno de ellos responde a sus propias leyes físicas, ¿cómo vamos a poder hacer cálculos sobre ellos utilizando las leyes "conocidas" de nuestro universo?


sábado, 12 de abril de 2008

¿Viene el hombre del mono?

Como lo prometido es deuda, hoy voy a retomar el tema de la Teoría de la Evolución de Darwin. Voy a intentar partir de lo que conoce todo el mundo y arrastrar lentamente al lector hacia mi terreno (el de la duda!! :p). Puede que os guste o que no: me conformo con sembrar la duda o el interés por investigar las alternativas que existen en lugar de aceptar ciegamente lo que se nos dijo cuando pensábamos que los profesores siempre tenían razón.


Darwin y su teoría de la evolución
El biólogo británico Charles Darwin propone en 1859 una teoría de la evolución de los seres vivos, cuyo axioma principal es el proceso de selección natural. Darwin defendió la idea de un cambio sucesivo y gradual de los seres vivos alentado por la lucha por la supervivencia, que daría origen al surgimiento de nuevas especies a partir de otras ya existentes. Estos cambios, según Darwin, consistirían en mutaciones genéticas que se dan de forma azarosa y proporcionan a los individuos que las sufren unas características ventajosas para la supervivencia frente a los demás miembros de su especie. Estos individuos "mutantes" sobrevivirían con mayor probabilidad que los que no hubieran sufrido tales mutaciones y transmitirían su material genético a la descendencia.

Un ejemplo de la acción de la selección natural
En una población natural, los individuos presentan variaciones heredables. Por ejemplo, algunas jirafas nacen con las patas delanteras y el cuello más largos. Si la población dispone de abundante alimento, tener un cuello tan largo no supone ninguna ventaja; sin embargo, en un período de escasez, las jirafas de cuello largo tendrán ventaja sobre las de cuello corto, pues podrán acceder a las hojas más altas de los árboles. Así, las jirafas de cuello largo podrán sobrevivir mejor y dejar más descendientes, que también serán portadores de esta característica. De esta forma, generación tras generación, aquellas características que proporcionen alguna ventaja para la supervivencia del individuo tenderán a imponerse en la población, por lo que ésta irá cambiando de forma gradual hasta que todos sus miembros tengan el cuello más largo.

Datos encontrados a favor del proceso de selección natural
La teoría darwiniana puede explicar con éxito variedad de cambios modernos. Por ejemplo, los científicos han logrado demostrar que el tamaño promedio del pico de unas aves de las Islas Galápagos cambió en respuesta a patrones del clima; o que la proporción de polillas moteadas en Inglaterra cambió cuando por efectos de la contaminación las de color claro se hicieron más visibles a los depredadores que las de color oscuro; o que bacterias "mutantes" han sobrevivido al hacerse resistentes a los antibióticos.

¿Cuál es el problema entonces? La siguiente pregunta a plantearnos es: ¿Puede la selección natural propuesta por Darwin explicar cualquier tipo de cambio en las especies?
Los ejemplos anteriores ilustran la selección natural en acción. Sin embargo, todos ellos incluyen sólo unas pocas mutaciones, y el organismo mutante que resulta no es muy diferente de su ancestro. Para que la evolución pudiera explicar todas las formas de vida, una serie de mutaciones tendría que producir tipos de criaturas muy diferentes, y esto aún no ha sido demostrado.


La complejidad irreductible
La teoría de Darwin hace aguas cuando se tiene en cuenta este concepto. Por complejidad irreductible, se entiente un único sistema compuesto por varias partes que interactúan entre sí y que contribuyen a su función básica, donde la eliminación de cualquiera de ellas provoca que el sistema deje de funcionar. Pues bien, estaremos de acuerdo entonces en que, si un sistema es irreductiblemente complejo, por definición, cualquier precursor suyo no funciona (porque todas las piezas son necesarias para que el sistema lleve a cabo su función).
Pongamos un ejemplo ilustrativo... Supongamos que tenemos delante una bombilla y observamos sus partes: un filamento muy fino de wolframio, una envoltura de vidrio, gas inerte, alambres de contacto, alambres de soporte, una base de contacto, un soporte de vidrio, un casquillo metálico, aislamiento, un pie de contacto eléctrico... Todos estos elementos son imprescindibles para lograr alcanzar la función última de la bombilla: alumbrar. Si alguno de estos pequeños elementos falla, nos quedaremos sin luz, ¿verdad?

¿Existe algún sistema bioquímico que sea irreductiblemente complejo?
En los seres vivos se puede encontrar multitud de estos sistemas irreductiblemente complejos. Por ejemplo, una célula o cualquiera de sus componentes: ribosomas, cilios, mitocondrias, lisosomas, aparatos de Golgi, centriolos, la propia membrana; también cualquiera de los procesos que tienen lugar en las distintas estructuras (por ejemplo, el mecanismo de potenciación a largo plazo, o la fotosíntesis de los vegetales). Yo diría que cualquier elemento de un ser vivo es irreductiblemente complejo. ¿Qué ocurriría si se dañara algún elemento implicado en la visión? ¿Qué pasa con un ser vivo si un órgano cualquiera deja de funcionar?


A ver, una vez expuesto el concepto de complejidad irreductible, y ya que hemos observado que parece ser una característica inherente a los seres vivos, ahora es cuando llegamos al punto culminante... El problema es que... ¡la selección natural requiere una función para seleccionar! Un sistema irreductiblemente complejo no puede ser producido gradualmente por modificaciones leves sucesivas de un sistema precursor; porque como hemos visto antes, cualquier precursor de un sistema irreductiblemente complejo, por definición no funciona. ¿Cómo se van a seleccionar estructuras intermedias que aún no sirven para nada para dar paso a una estructura posterior perfecta?

En El Origen de las Especies (1859), Darwin escribió:
"Si pudiera ser demostrado que cualquier órgano complejo existiera que no fuera posible que se hubiera formado por numerosas y sucesivas ligeras modificaciones, mi teoría quedaría destruída".

Parece que el propio Darwin sabía que cuando la ciencia avanzara se descubrirían datos que no terminarían de cuadrar con su teoría. La selección natural de Darwin explica muy bien las pequeñas modificaciones que sufren las especies para adaptarse al medio, pero no la transformación de una especie en otra de tal forma que se vayan desarrollando gradualmente mecanismos cada vez más complejos. La ciencia aún no tiene respuesta para esto último: habrá que seguir investigando. Lo interesante es que la Teoría de la Evolución de Darwin no es la única alternativa de que disponemos para intentar explicar el origen del hombre, aunque ésta se presente a los alumnos en los centros educativos como una verdad absoluta e irrevocable. Qué coraje, ¿por qué limitarán de esa forma la formación del juicio independiente? Con las clases de Historia pasa lo mismo: sólo nos enseñan los hechos desde una perspectiva, cuando sabemos que los hechos se ven muy diferentes según quien los cuente. Por ejemplo, a nosotros nos enseñan el "descubrimiento" de América en las escuelas, pero es que ellos ya "se habían descubierto" antes de que llegara Colón a sus tierras.

Para terminar, me gustaría añadir que muchos científicos no aceptan la Teoría de la Evolución de Darwin como explicación del origen de la vida y del hombre, y que la investigación científica sobre el origen de la vida se halla en fase de exploración y todas sus conclusiones son provisionales (al contrario de lo que dan a entender en colegios e institutos).

Gracias por leer hasta aquí. Espero haber hecho pensar sobre esto a más de uno. :)


miércoles, 9 de abril de 2008

El azar no existe





Después de observar estas cosas, es prácticamente imposible no preguntarse si es que nada se da por azar, si todo en la naturaleza está programado, diseñado previamente. Yo siempre he pensado que el azar no existe, que simplemente desconocemos todas las variables que influyen en los fenómenos o no tenemos la capacidad para llegar a conocerlas.

El mundo es fascinante, porque aparentemente es caótico; y sin embargo, cada elemento que forma parte de él corresponde a una estructura determinada que es justamente la más apropiada. Y todos los elementos están conectados entre sí de tal forma que uno no tendría sentido sin los demás. Todo parece tan organizado cuando se mira desde cerca, que me parece que sería prácticamente imposible que esas estructuras tan perfectas hayan surgido por azar. Por eso la Teoría de la Evolución de Darwin, que enseñan como una verdad absoluta en los colegios, me parece un poco absurda. Ya escribiré sobre eso otro día, que tengo prisa y no me da tiempo. Sorry por dejaros en ascuas. ;)

lunes, 7 de abril de 2008

La ciencia es limitada

Algunas veces, si entras en youtube sin buscar nada en concreto, puedes encontrar algún vídeo curioso. Ayer me pasé por el sitio y me topé con este vídeo que me hizo pensar:



Creo que ilustra muy bien cómo es la ciencia: un investigador descubre algo portentoso y luego llega otro que hace que la teoría del primero quede obsoleta.

Mucha gente piensa que la ciencia está en posesión de La Verdad, que lo que dice un estudio científico se corresponde con la realidad objetiva (de hecho, la publicidad utiliza eso para anunciar todo tipo de productos como infalibles porque están científicamente comprobados). Sin embargo, los productos de la ciencia son cambiantes a lo largo del tiempo (todo lo que se conoce a través de la ciencia es provisional y puede que en el futuro cambie). Además, a mi entender, la ciencia no desvela más que conocimientos subjetivos: se observa lo que se puede observar desde la limitada capacidad humana, partiendo siempre de unos supuestos previamente aceptados por todos. A esto habría que añadir que los criterios para considerar algo como ciencia han ido cambiando a lo largo del tiempo. Por ejemplo, un cambio de éstos sería cuando los positivistas tuvieron que adaptar su rígido método para poder incluir a Einstein y su Teoría de la Relatividad, que él había concebido por deducción en lugar de por inducción como estaba estipulado en aquél momento.

En un momento determinado, la comunidad científica se pone de acuerdo y es como si todo el mundo se colocara unas gafas con los cristales del mismo color, de tal forma que todos así perciben el mundo exactamente igual y por eso califican a los fenómenos que observan como objetivos. Pero en realidad eso no es objetividad, sino subjetividad objetivada.